
El poli, que era casado y tenía una pitufa, se disparó en la cabeza, presumiblemente por problemas sentimentales.
Los compañeros del infortunado funcionario se avisparon que algo malo pasaba, cuando cacharon que la oficina de Peña estaba cerrada con llave y que no contestaba los llamados radiales ni telefónicos.
Finalmente, encontraron el cuerpo del poli tendido en el suelo y con el arma en la mano.
Fuente: La Cuarta